El Plan De Salvacion En Las Fuentes Doctrinales

El Plan de Salvación es el plan de Dios para rescatarnos de la muerte espiritual y física, permitiéndonos regresar a su presencia. Es como un mapa que nos muestra el camino de vuelta a casa.
La Vida Premortal: El Comienzo
Antes de nacer, vivíamos como espíritus con Dios. Éramos sus hijos e hijas. En ese tiempo, se presentó el Plan de Salvación. Era un plan de progreso eterno.
Hubo un concilio. Jesucristo, el Primogénito del Padre, se ofreció voluntariamente para ser nuestro Salvador. Lucifer se rebeló, queriendo quitar el albedrío, y fue expulsado con sus seguidores.
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La Creación y la Caída
Para llevar a cabo el Plan, la Tierra fue creada como un lugar de aprendizaje. Adán y Eva fueron puestos en el Jardín del Edén. Tenían libre albedrío, la capacidad de elegir.
Adán y Eva tomaron la decisión de comer del fruto prohibido. Este acto, conocido como la Caída, trajo muerte física y espiritual al mundo. Es como cuando un niño desobedece y aprende de sus errores.

La Expiación de Jesucristo
La Expiación de Jesucristo es el núcleo del Plan de Salvación. Jesús, siendo perfecto e Hijo de Dios, sufrió en el Jardín de Getsemaní y murió en la cruz. Este sacrificio infinito pagó el precio por nuestros pecados.
Gracias a Jesús, todos resucitaremos. La muerte física es vencida. Además, si nos arrepentimos de nuestros pecados, podemos ser limpios y purificados por su sangre expiatoria. Es como tener una goma de borrar para nuestros errores.

Los Principios y Ordenanzas del Evangelio
Para recibir las bendiciones de la Expiación, debemos seguir los principios y ordenanzas del Evangelio.
El primer principio es la Fe en Jesucristo. Es creer en Él y en su poder para salvarnos. El segundo es el Arrepentimiento, cambiar nuestros pensamientos y acciones para ser mejores. Luego viene el Bautismo por inmersión, que simboliza la limpieza y un nuevo comienzo. Finalmente, la Confirmación, donde recibimos el don del Espíritu Santo.

La Vida Después de la Muerte y el Juicio Final
Después de morir, nuestros espíritus van al mundo de los espíritus. Allí, continuamos aprendiendo y progresando.
Eventualmente, seremos juzgados por nuestras obras y los deseos de nuestro corazón. Nuestra recompensa eterna dependerá de cómo hayamos vivido de acuerdo con el Plan de Salvación.
El Plan de Salvación nos ofrece esperanza, propósito y la posibilidad de regresar a la presencia de Dios. Es una oportunidad para el crecimiento eterno y la felicidad.
